El sector funerario exige una combinación de profesionalidad, serenidad, mente frÃa y empatÃa. Quienes trabajan en él conviven a diario con el duelo ajeno y con los procedimientos que rodean la despedida de un ser querido. Todo ellos sin dejarse afectar por el dolor que ven. Sin embargo, cuando la pérdida toca de cerca, incluso los profesionales mejor preparados pueden sufrir un golpe emocional difÃcil de gestionar. Por ello, existe un debate intenso sobre si los profesionales funerarios deben preparar a sus propios familiares fallecidos. La agente funeraria Laura Aragón reflexiona sobre esta situación a partir de una experiencia personal que la marcó profundamente. Su intención es mostrar la cruda realidad para que quienes se planteen hacerlo puedan hacerse una idea de a qué tendrÃan que enfrentarse. Aragón destaca que en el sector funerario la psicologÃa de los trabajadores «va por encima de todo». Por eso, cuando un empleado recibe el aviso de que el fallecido es un familiar, lo habitual es delegar en otros. «En ese momento le dices a tu coordinador: ‘Mira, es familia mÃa, prefiero que lo haga otro compañero porque en estos momentos me quiero sentir arropado por mi familia», recuerda. Eso sÃ, aclara que esto solo puede hacerse si se trata de un familiar cercano. Ella, sin embargo, decidió tomar otro rumbo. Si bien nunca tuvo que enfrentarse a la preparación de un ser querido mientras trabajó en la funeraria, la vida le puso esa prueba cuando ya habÃa dejado el empleo. Cuenta que, al llegar a la sala donde se encontraba su familiar fallecida, su instinto profesional se activó: «A mà lo primero que me sale es asear al difunto, vestir al difunto». Los compañeros que acudieron al lugar la reconocieron y, tras consultar en el tanatorio, le permitieron encargarse del acondicionamiento. Asà que se puso en marcha con una determinación admirable: «Me veÃa con una fuerza y una capacidad de poder prepararla que yo decÃa: vámonos, que tengo que hacerlo». Cuando acabó, pidió a su familia que entrara para ver el resultado, y ahà sintió que todo habÃa merecido la pena: «Se quedaron: ‘Ostras, qué bien la has hecho’. Se me llenó el corazón. Me sentÃa súper honrada, súper valiente». Sin embargo, con el paso de los dÃas, la perspectiva cambió. El duelo comenzó a asentarse y los pensamientos que antes habÃan llenado de orgullo se vuelven en contra. El hecho de haber sido la última persona en tocarla, abrazarla, besarla, vestirla y acondicionarla se veÃan de otra forma. «La cabeza empieza a dar vueltas. Por eso te aconsejan que no acondiciones o no prepares», admite. Ella misma se suma a ese consejo. «Nunca jamás, bajo ningún concepto, preparéis a un familiar vuestro», recomienda a quienes se están formando en tanatoestética, tanatopraxia o trabajan en el ámbito funerario. «La mente os puede jugar una mala pasada, y demasiado mala», advierte. De esta forma, insiste en separar el trabajo de la vida personal. En un velatorio familiar, asegura, el lugar del profesional no está junto a la camilla, sino al lado de nuestros seres queridos: «Cuando sea un velatorio de vuestra familia, arropaos con vuestra familia. Esos momentos son para estar con ellos, no para trabajar».
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Author : (abc)
Publish date : 2026-03-06 05:00:00
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