Por segundo año consecutivo, la Fundación Marta Ortega Pérez (MOP) suma, a su gran exposición anual en el Centro MOP de La Coruña (Muelle de BaterÃa, s/n) una muestra de verano. El año pasado fue el fotógrafo británico David Bailey , uno de los artÃfices del Swinging London, y en esta ocasión el elegido es el italiano Paolo Roversi (1947) , uno de los fotógrafos de moda más personales y solicitados del momento. Autor de imágenes icónicas, se ha mantenido alejado de las corrientes efÃmeras de la moda. Del 20 de junio al 20 de septiembre, se exhiben dos centenares de fotografÃas: las hay icónicas, pero también inéditas. A sus 78 años, Roversi ha creado un lenguaje propio, atemporal, en el que hay misterio, elegancia y vulnerabilidad. Un lenguaje influido, entre otras muchas cosas, por el arte bizantino de su Rávena natal y el Renacimiento. Vestido de negro riguroso, se ayuda de un bastón. Anda con dificultad. Se muestra feliz, afable y divertido. «Bienvenidos a todos», saluda al llegar. Se define como un artesano. No se parece a nadie.  Es único. Maestro de la luz , su trabajo semeja al de un pintor, salvo que él no pinta con un pincel, lo hace con luz. Su estudio está a oscuras y con una linterna va iluminando el rostro, el cuerpo… El fondo se ilumina y nace la magia. Dicen que sus fotografÃas podrÃan colgar junto a cuadros de Vermeer, Caravaggio o Rembrandt, maestros de luces y sombras. «Too much» (Es demasiado), responde abrumado. Escribe Tanizaki en ‘El elogio de la sombra’ que «si no fuera por la sombra, no habrÃa belleza». Roversi emprende un viaje poético desde la sombra hacia la luz. Confiesa que le fascina la penumbra. «Ni la luz, ni la sombra. La penumbra es mi luz favorita ». También le gusta la luz del crepúsculo, que descubrió en La India. Desde niño le fascinaban los juegos de sombras. Su habitación fue su primera linterna mágica, cuenta el fotógrafo: «La luz que se colaba por las contraventanas llenaba el techo y las paredes de figuras misteriosas y espectrales. Yo observaba esas figuras fantasmagóricas».  El tÃtulo de la exposición, ‘Doubts’ (Dudas) , remite a la forma en que Paolo Roversi concibe la fotografÃa. Le gustan los accidentes, los errores, el azar, pero también mantener el control. «He aprendido más de los fracasos que de los éxitos», confiesa. Cree que «las dudas abren la puerta a la creatividad, a la imaginación, a la esperanza, de igual modo que las certezas la cierran. Para mÃ, una fotografÃa es siempre más una pregunta que una respuesta; la certeza es peligrosa». Busca sorprenderse a sà mismo utilizando técnicas y enfoques fotográficos poco usuales. Desde finales de los 80 usó las Polaroids como medio de experimentación artÃstica. Cada fotografÃa es única. «No sabes lo que va a salir. Me gusta sorprenderme», comenta. Se ha entregado con entusiasmo a ese formato, que consigue que sus imágenes se vuelvan difusas, espectrales, fantasmagóricas. Parecen ensoñaciones a punto de desvanecerse. «He usado tanto las Polaroids que me han llamado ‘Paoloroid’». Al igual que Irving Penn , a quien vimos en este mismo espacio, Roversi sacó la fotografÃa de las calles y la llevó de vuelta al estudio, un ‘teatro de sombras’. Para ambos, el estudio es esencial en su trabajo. «Es un escenario vacÃo a la espera de que algo lo ocupe, un tiempo que todavÃa nadie ha inventado». Su estudio en ParÃs, Studio Luce, en el distrito 14 , es un lugar de peregrinación para el mundo de la moda: «Es una linterna mágica, un reino de ilusiones y apariencias». La fotografÃa, dice Roversi «es pura alquimia ; es brujerÃa, verdadera magia negra. Transformar lo negativo en positivo es una forma de hechicerÃa». Es un alquimista capaz de conjurar mundos a partir de la oscuridad y la luz. «Eres fotógrafo las 24 horas del dÃa, incluso cuando duermes. Ser fotógrafo es una manera de existir, es como una religión para mû. La muestra ha querido recrear el espÃritu de su estudio. La comisaria, Clara Belleville, ha dividido el recorrido en nueve espacios Ãntimos interconectados entre sÃ, que se corresponden con aspectos concretos de su estética: ‘Teatro’, ‘Apariencias’, ‘Sombras’, ‘Dudas’, ‘Gente’, ‘Presencia’, ‘Gracia’, ‘Belleza’ y ‘Desvanecimiento’. Hay espacios muy oscuros y otros llenos de luz, como su ‘studiolo’, que se ha recreado. Una pequeña habitación que tenÃa en la tercera planta para retratos Ãntimos. En sus fotografÃas de moda , por paradójico que parezca, la ropa es secundaria, apenas se aprecia en detalle. La moda parece solo una excusa. «La fotografÃa para mà siempre es un retrato -explica Roversi-. Si fotografÃo una botella, es el retrato de una botella; si fotografÃo un paisaje, es el retrato de un paisaje. Y si hago fotografÃas de moda, es un retrato doble, del vestido y de la mujer». Las y los modelos centran su atención. Vestidos o desnudos, inefables y efÃmeros , en ocasiones integrales, de mujeres como Miley Cyrus, Milla Jovovich, Kate Moss, Naomi Campbell, Amber Valletta, Kirsten Owen… «Son como ángeles, madonas en miniatura», apunta Roversi. En sus desnudos, que se exhiben en una sala blanca como si fuera un templo de la belleza, hay intimidad y sensibilidad. Son poéticos, puros, inocentes, nunca provocativos. Las modelos dicen de él que «realmente te ve. Es capaz de mirar dentro del alma. Se puede sentir». En sus fotografÃas hay emoción, paz, misterio, nostalgia, belleza… «Toda la vida -dice Roversi- he ido en busca de la belleza . Pero cuanto más me acerco a ella más parece alejarse». Aparte de sus retratos de mujeres idealizadas, también hizo una galerÃa de retratos de personas de a pie bien distinta, que se incluye en la exposición. Se trata de su proyecto ‘People’ (Gente). Creó un fotomatón en la tienda Tati de ParÃs. Se invitaba a que la gente posara gratis en la cabina. «Me considero un fotógrafo de identidad, un fotógrafo de fotos de carné», dice Roversi. En una de esas fotografÃas aparece una jovencÃsima Victoria Abril, en 1997. En 2022, Roversi saltó a los medios de medio mundo al haber sido elegido por Kate Middleton, entonces duquesa de Cambridge, para hacer los retratos oficiales en su 40 cumpleaños . Nunca ha aparecido más guapa y glamurosa. Posa en los Kew Gardens de Londres con diseños de Alexander McQueen, firma que escogió para su vestido de novia. Posa con un vestido vaporoso blanco con lazos y, muy sonriente, con otros dos modelos con un hombro al aire (uno rojo y otro blanco con volantes). Pero no se exhiben en la muestra. Licenciada en Historia del Arte, su tesis versó sobre la fotografÃa de Lewis Carroll. Patrona de la National Portrait Gallery de Londres, es una gran aficionada a la fotografÃa. Es habitual ver retratos de su marido y de sus hijos realizados por ella. ¿Cómo recuerda aquella sesión? «Yo estaba encantado de que me hubiera escogido para hacerle esas fotos. Su séquito sugirió que las hiciera con un fondo de flores, pues a ella le gustaban mucho. Se eligieron unos jardines a las afueras de Londres. Pero yo no estaba contento con ese telón de fondo y me llevé un telón gris. No llevaba maquillaje, y de joyas solo unos pendientes y el anillo de Diana de Gales. Estaba muy guapa, no necesitaba artificios. Le gustaron mucho las fotografÃas. No estaba acostumbrada a verse tan natural. Le pedà que bailara y le saqué fotos bailando. Pero tampoco le gustó a su séquito. Ella es una persona maravillosa». Tienen los retratos de la hoy Princesa de Gales un aire romántico. Recuerdan a las fotografÃas de Julia Margaret Cameron , que incorporó el uso del ‘flou’, un cierto desenfoque intencionado, para dar carácter poético a sus obras y a menudo incluyen imperfecciones, arañazos, manchas y otros rastros del proceso creativo. Es una de sus influencias, al igual que otros grandes nombres de la fotografÃa, como Robert Frank, August Sander, Erwin Blumenfeld o Diane Arbus. En 2020 fue escogido para el Calendario Pirelli . Convirtió a RosalÃa («es todo fuego»), Emma Watson, Claire Foy o Kristen Stewart en modernas Julietas shakespearianas. Quiso plasmar diferentes Julietas que representan distintos momentos de la tragedia de Shakespeare. Para su primera comunión le regalaron una pequeña cámara de fotos. Pero su interés por la fotografÃa surgió en su adolescencia, durante un viaje a España en 1964 . Recuerda que era « un joven poeta que escribÃa terribles poemas ». En Sevilla fotografió a un hombre vestido de negro caminando frente a una pared blanca. Apareció una sombra en diagonal. La tituló ‘Sol y sombra’. «Esa era para mà la idea de la fotografÃa», advierte. Comenta que fue a una corrida de toros: «También allà habÃa sol y sombra. Pero no me gustó. Estaba en el tendido de sol y me fui antes de que llegara la sombra». Autodidacta, aprendió a revelar en un cuarto oscuro construido por él en 1970 Paolo Roversi comenzó a colaborar con la agencia Associated Press, para la que cubrió el entierro de Ezra Pound en Venecia. Ese año abrió en su Rávena natal un estudio de fotografÃa. Fue asistente del fotógrafo británico Lawrence Sackmann. Gracias a Peter Knapp, fotógrafo y director artÃstico de la revista ‘Elle’, entró en contacto con el mundo de la moda en ParÃs, ciudad donde reside. Allà fundó Studio Luce en 1981. Ha colaborado con revistas como ‘Elle’, ‘Vogue’, ‘Vanity Fair’, ‘Harper’s Bazaar’, ‘Marie Claire’… y ha trabajado en campañas para Dior, Yves Saint Laurent, Valentino, Chanel, Alexander McQueen, Romeo Gigli, Comme des Garçons o Yohji Yamamoto. Fue uno de los primeros en usar la Polaroid de 8 x 10. En 2024, su trabajo se expuso en el Palais Galliera de ParÃs, que entonces dirigÃa la española Miren Arzalluz. «He admirado la fotografÃa de Paolo Roversi desde siempre, por lo que para mà supone un inmenso placer presentar aquà esta fantástica exposición», comenta Marta Ortega, presidenta no ejecutiva de Inditex y presidenta de la Fundación MOP . «Paolo ocupa un lugar único en la fotografÃa de moda: está en el corazón del sistema y, al mismo tiempo, al margen de él». Trabaja a un ritmo pausado, lento, sin prisa. Hay fotógrafos que capturan ropa y otros que capturan emociones. Roversi es de los segundos. «Si no hay emoción, la fotografÃa quedará vacÃa» . El recorrido acaba con imágenes borrosas, fugaces. No es posible saber si están apareciendo o desvaneciéndose. «El tiempo pasa y se lleva nuestros sueños. La juventud, la belleza… Incluso las fotografÃas pierden su color y su nitidez hasta desvanecerse por completo». «C’est la vie», dice Roversi. El pasado mes de mayo su ciudad natal, Rávena, le rindió un homenaje con la apertura de la Galleria Paolo Roversi. «La fotografÃa no es más que una historia de amor», confiesa el artista. Esa historia de amor se antoja eterna.
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Author : (abc)
Publish date : 2026-06-19 16:08:00
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