Érase una vez una isla en la que el poder se veía en las mesas de las salas de moda: unos pocos lograban una reserva y solo los millonarios podían pagarse el capricho . Pero los tiempos cambian. Hoy, en Ibiza, el mayor privilegio es recibir una invitación para un evento cuya ubicación no se conoce hasta unas horas antes, atravesar la verja de una villa escondida entre pinares o subir a la lancha que conduce hasta un megayate fondeado frente a calas solitarias. Allí, lejos de los paparazzi, se desarrolla una intensa vida social en un ecosistema exclusivo de estrellas de Hollywood, diseñadores de moda, deportistas de élite, empresarios tecnológicos, aristócratas y algunas de las mayores fortunas del planeta. Es la evolución natural de una isla que dicta las normas del lujo. Ibiza comenzó como refugio bohemio de artistas, escritores y músicos, que se reunían en casas payesas sin protocolo alguno. Bastaba con conocer a alguien para terminar compartiendo una cena improvisada con artistas llegados de Londres, París o Nueva York. Aquella libertad atrajo a nombres como Eric Clapton o miembros de Pink Floyd y los Rolling Stones, que encontraron en la isla un lugar donde la fama se difuminaba entre iguales. Los primeros grandes anfitriones tampoco eran empresarios del ocio . La aristócrata británica Lady Penelope « Pempe » Aitken convirtió su residencia en Santa Eulària en punto de encuentro de diplomáticos, aristócratas y artistas europeos. Poco después, el actor Terry-Thomas hizo de su finca Can Talaias uno de los salones privados más codiciados del Mediterráneo. Por sus jardines desfilaron Laurence Olivier, Jean-Paul Belmondo, Terence Stamp, Ursula Andress, Diana Rigg o la cantante Nico. Aquellas reuniones, todavía informales, fueron el embrión de la Ibiza exclusiva. El gran anfitrión local, Ricardo Urgell, entendió que el atractivo de la isla era reunir a personas que no coincidirían en ningún otro lugar del mundo. Por sus fiestas pasaron Freddie Mercury, Grace Jones, Boy George, George Michael, Julio Iglesias, Valentino, Gianni Versace y Carolina de Mónaco. Urgell convirtió la isla en el gran salón social del Mediterráneo, idea que le llevó a crear Pachá. Pero el lujo evolucionó. Las grandes celebraciones comenzaron a abandonar los reservados para trasladarse a villas privadas situadas en Es Cubells, Porroig, Cala Jondal, Vista Alegre, Cap Martinet o Can Rimbau. Ya no se alquilaban únicamente por sus piscinas infinitas o sus vistas al mar, eran deseadas por la privacidad. Las propiedades más exclusivas ofrecen helipuerto, embarcadero privado, spa, gimnasio, sala de cine, cocina profesional, servicio doméstico permanente, seguridad privada y chefs de prestigio. Durante julio y agosto los alquileres superan los 100.000 euros por semana. Las residencias más espectaculares alcanzan los 300.000 euros. Algunas incluyen producción para eventos privados.La moda descubrió el potencial del negocio de la discreción. Domenico Dolce y Stefano Gabbana fueron pioneros en utilizar la isla como prolongación de su universo creativo. En ese círculo aparecían Naomi Campbell, Kate Moss y Eva Herzigová. También Valentino Garavani encontró uno de sus refugios favoritos. Sus almuerzos y cenas privadas reunían regularmente a Claudia Schiffer , Elton John, Anne Hathaway, Gwyneth Paltrow, Giancarlo Giammetti, Naty Abascal, Eugenia Silva o destacados representantes de la aristocracia y la moda europea. Otro personaje fundamental fue Jade Jagger. La hija de Mick Jagger heredó la fascinación familiar por Ibiza y ejerció como una de las grandes anfitrionas del verano pitiuso. Sus fiestas recuperaban, con otro nivel de lujo, el espíritu libre de las reuniones bohemias de los años sesenta. Pero una fiesta lo cambió todo: el cuarenta cumpleaños de Riccardo Tisci, celebrado en agosto de 2014 en la finca Los Olivos, cerca de Sant Rafel, reunió la mayor concentración de celebridades vista jamás en un evento privado de la isla . Entre los invitados figuraban Madonna, Naomi Campbell, Kim Kardashian, Justin Bieber, Jessica Chastain, Kendall Jenner, Kris Jenner, Sean Combs (P. Diddy), Jon Kortajarena, Pedro Almodóvar o José María Manzanares. El código de vestimenta —Black Subversive Glamour—, miles de rosas blancas decorando los jardines, centenares de velas y una actuación sorpresa de Kanye West convirtieron aquella reunión en un acontecimiento. No fue un caso aislado. El fundador del Cirque du Soleil, Guy Laliberté, ha celebrado durante años encuentros privados en su residencia ibicenca con empresarios, artistas y modelos. Los fotógrafos Mert Alas y Marcus Piggott también han organizado fiestas donde coincidían Irina Shayk, Kate Moss, Naomi Campbell o el propio Tisci. Y alrededor de ese universo ha surgido toda una industria de la discreción encabezada por empresas de concierge como la de Serena Cook, especializada en organizar estancias, chefs privados, seguridad y experiencias personalizadas para clientes como Mick Jagger, las Kardashian o grandes fortunas internacionales. Todo ha jugado a favor de convertir Ibiza en la cita obligatoria de las estrellas . Es el caso de Leonardo DiCaprio, presente desde hace dos décadas, pero la lista es espectacular: Orlando Bloom y Katy Perry, Justin y Hailey Bieber, Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Erling Haaland, Lewis Hamilton, Vinícius Júnior, Kylian Mbappé, Cara Delevingne, Usher, Jared Leto, Idris Elba, Tom Holland y Zendaya, además del omnipresente clan Kardashian-Jenner, con Kim, Kendall, Kylie y Kris como asiduas visitantes. No coinciden todos en una misma fiesta, pero forman parte del reducido universo de celebridades que alimenta ese circuito de villas y yates no aptos para el resto de los mortales. Porque si las villas representan el lujo discreto en tierra, los superyates constituyen el siguiente escalón en el mar, pues funcionan como clubes privados flotantes. En ellos se celebran almuerzos, fiestas al atardecer, conciertos improvisados, reuniones de negocios y celebraciones familiares. La ventaja es evidente: los paparazzi pueden fotografiar la llegada al puerto, pero no acceden a los secretos de a bordo. El ejemplo más llamativo es el Koru, de Jeff Bezos. Con 127 metros de eslora y valorado en 500 millones de euros , navega acompañado por el buque auxiliar Abeona, donde viajan helicóptero, vehículos, motos acuáticas y buena parte del personal. Cuando el fundador de Amazon recala en Ibiza, su agenda social transcurre a bordo. Los grandes protagonistas del verano son el Seven Seas, propiedad de Steven Spielberg., con unos 109 metros de eslora, y el Rising Sun, de 138 metros, utilizado por el magnate David Geffen como salón exclusivo por cuya cubierta han pasado Oprah Winfrey, Julia Roberts, Paul McCartney o Bruce Springsteen. El más elegante es el Main, de Giorgio Armani, un yate de unos 65 metros cuyo diseño interior firmó el modisto italiano. También aparece el Great White, el catamarán Sunreef de Rafael Nadal, muy alejado del concepto que domina entre otros propietarios. Cristiano Ronaldo navega con su Azimut Grande, mientras que numerosas figuras como Beyoncé y Jay-Z, Magic Johnson, Michael Jordan, Andrea Bocelli o miembros de las familias reales del Golfo recurren a la comodidad del alquiler . Aunque lo mejor ha sido ver a Marcos Llorente y Ferrán Torres ejerciendo una masculinidad no tóxica al demostrar el cariño que se tienen como amigos. Las imágenes de sus abrazos y besos en un yate tras la victoria de España en el Mundial forman parte del álbum de grandes momentos de este verano ibicenco.
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Author : (abc)
Publish date : 2026-08-07 19:55:00
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