DecÃa Michael Caine que a un actor le pagan por estar sentado esperando que le llamen para rodar. Juan Dávila , que se ha pasado noches enteras en el Hospital de Toledo grabando la comedia ‘Castigo divino’, matiza esa cita: «Es una espera activa, porque debes estar concentrado para que, cuando te llamen, estés listo. Es un ejercicio de disciplina. Yo que soy tan libre en mi espectáculo , aquà tenÃa que ser el personaje siempre. Ha sido bonito, pero duro porque estaba en todas las secuencias». Como actor, se mete en la piel de un enfermero al que se le conceden unos poderes sobrenaturales. En la vida real, Juan también tiene un poder: «Pero porque me lo han dado los espectadores, que me han colocado ahÃ. Yo creo que tengo el don de restar importancia a los problemas profundos de la vida». Pero, ya puestos, preferirÃa que fuera un superpoder: « Ya me gustarÃa poder sanar . Que la gente viniera al ‘show’ y que al final salieran sin ninguna enfermedad, solo me faltarÃa eso». Son legión los ‘pecadores’ que acuden a verle en directo que agradecen su interacción sin condescendencia: «En España hay mucha gente con discapacidad que sentÃa que les pasaban por alto, que quedaban fuera del juego y no podÃan ir a reÃrse de su situación. Porque aquà nos reÃmos con ellos de la enfermedad , todos juntos». Que se entendiera el código de su humor le costó: «Me cerraron la cuenta de Instagram, me censuraron vÃdeos en TikTok, me insultaron porque no eran capaces de distinguir la luz en la sombra». De su personalidad, Juan destaca «la escucha activa, que tiene que ver con la empatÃa. Siempre me ha interesado conocer a los demás, por eso les doy protagonismo». En cambio, reconoce que deberÃa controlar «la impulsividad, que me viene bien para improvisar, pero en la vida acaba por meterme en lÃos». Se confiesa «un soñador . De hecho, si he llegado hasta aquà es porque durante años he soñado con llenar un teatro. Ese sueño me permitÃa seguir adelante». Juan encuentra la paz «en el silencio, en la soledad, porque mi trabajo es todo para fuera. Necesito recargarme lejos del bullicio , en casa, en el campo, aunque cada vez más camuflado porque ya me reconocen». Y, por otra parte, señala que le sacan de quicio muchas cosas: «La falta de empatÃa, de tolerancia, de respeto. No soporto la violencia, ni fÃsica ni verbal». En temas de amores, la cosa no pinta muy bien: «No es que no sea romántico, es que he ido perdiendo la fe. He ido romantizando la profesión y los sueños que la acompañan, mientras dejaba de creer en el amor romántico de las pelÃculas. En ese proceso, también se apagaba poco a poco el de la pareja. Con el tiempo he desmitificado las relaciones idÃlicas. Mira que lo he intentado, pero al final acaba siendo otra cosa». A pesar de todo, el cómico reconoce que intenta ser detallista, cuidar de la persona que quiere, «pero no lo soy tanto con la palabra como con los hechos». No es de los que haga declaraciones de amor, es de los que deja constancia de lo que llega a querer a alguien. Si hay algo que por ahora no quiere, y cada vez parece más difÃcil «porque pasa el tiempo y me hago mayor», es ser padre: «No siento la llamada de la paternidad. No me veo. Es mucha responsabilidad. Tengo tres sobrinos, con ellos tengo la cuota cubierta. Además, en cierto modo, mi público son como mis niños. Ellos me llenan el instinto paternal». El ’emoji’ que más usa: «El corazón rojo con fuego. Porque me representa, esa forma en la que vibra, está vivo, como mi ánimo». Se harÃa un ‘selfi’ con: «Anton Chejov, el dramaturgo ruso». Un momento ‘Tierra, trágame’: «En teatro montamos ‘Romeo y Julieta’, pero yo solo me habÃa leÃdo media función. Cuando el director me preguntó en los ensayos ‘¿Pero tú sabes como acaba esto?’ yo le dije, ‘Claro, se casan.» Me pillaron». Un sacrificio por la fama: «Todos, porque durante 13 años mi única prioridad era perseguir mi sueño. Lo demás venÃa después». Algo que no puede faltar en su dÃa a dÃa: «Dormir bien». Un lugar para perderse: «El Museo del Prado». Tiene miedo a: «No tener alguna motivación que me haga sentir ganas de despertar y levantarme cada dÃa». Su primer beso: «Pues como lo del ’emoji’, pero multiplicado por diez. Estaba muy nervioso. Fue de noche, en mitad de una carretera perdida en el campo». Un propósito que nunca cumple: «Ponerme a leer al levantarme». Dentro de 10 años se ve: «A este ritmo, que llevo ya 13 años sin descansar, en lugar de bastón voy a salir al escenario con un andador. Pero, vamos, me veo al pie del cañón, haciendo mis espectáculos con el público como protagonista». El pequeño Juan: «Era un crÃo travieso, movido, pero también muy respetuoso y obediente. La parte traviesa iba por dentro y es la que ha salido ahora, la que me lleva a meterme en berenjenales. Gracias al fútbol fui socializando poco a poco, pero no era un chaval que destacara como lÃder de la pandilla. En el colegio cumplÃa con mi suficiente. No es que me apasionara, pero como mi madre era profesora, si ella iba, me tocaba ir a mà también. Lo que realmente me gustan era las extraescolares, como el judo o el teatro, que fue como empecé a engancharme a la actuación».
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Author : (abc)
Publish date : 2026-02-01 23:57:00
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