En la vida cotidiana es muy habitual ver cómo las personas intentan dar su mejor cara ante los demás. Ya sea en una reunión de trabajo, en una fiesta o al conocer a alguien por primera vez, existe un deseo casi natural de agradar y de transmitir una imagen impecable. Buscamos encajar, caer bien y causar una excelente impresión desde el primer minuto. Sin embargo, esta intención de dar una buena apariencia suele convertirse en una trampa . En lugar de permitir que fluya la versión más auténtica y relajada de uno mismo, la preocupación constante por el qué dirán puede acabar provocando un efecto contrario. La espontaneidad desaparece y es reemplazada por una actitud medida que poco tiene que ver con la realidad de la persona. Por lo tanto, al final, ese esfuerzo desmedido por gustar a toda costa genera una postura forzada. Se nota cuando alguien está actuando o calculando cada palabra para agradar, y eso termina distorsionando la verdadera identidad de la persona . En vez de lograr la cercanía que se busca, se levanta una barrera que impide conectar de manera genuina con los demás. Sobre esta dinámica reflexiona el experto en comunicación Juan Vizuete, que señala con claridad en el podcast ‘Tengo un plan’ : «Si te obsesionas con caer bien, vas a caer mal. Es así de sencillo. Cuando tú quieres obsesionarte tanto en necesito caer bien a la persona que está delante, necesito ser amigo de esta persona, al final ¿sabes qué va a pasar? Que vas a dejar de ser tú mismo ». El problema principal de este comportamiento radica en la percepción que generamos en el interlocutor. Según explica Vizuete, «cuando dejas de ser tú mismo, la otra persona te ve como falso, te ve como artificial . Y cuando alguien te ve como algo artificial, no te cree». La falta de naturalidad influye directamente la confianza, un elemento clave en cualquier interacción entre personas. Para entender por qué ocurre esto, el especialista recurre a los cimientos tradicionales de la oratoria, una disciplina que él domina. « La comunicación se basa en tres pilares básicos: la credibilidad, la razón y la emoción , lo que en la Antigua Grecia se llamaba el ethos, el pathos y el logos. La credibilidad es fundamental. ¿Crees más a una persona que te da sensación de ser cercana, de ser sincera o a alguien que crees que está actuando y preparándose un papel? Lógicamente crees a la persona más cercana». Esta búsqueda de credibilidad explica también un fenómeno curioso en las relaciones sociales: por qué ciertas personas con un carácter difícil resultan atractivas o caen bien. Vizuete lo resume así: «Hay gente que es superborde y cae bien porque son ellos mismos. Tú dices ‘¿pero cómo puede ser tan borde y caerme tan bien esta persona?’ Y es básicamente porque tienen esa capacidad de ser ellos mismos», sentencia.
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Author : (abc)
Publish date : 2026-10-18 03:45:00
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