Desde el triunfal concierto de la OBS con el maestro Sato no se ha repetido el lleno total en los siguientes conciertos, y no porque no merecieran el mismo entusiasmo, sino seguramente porque eran solistas o, a lo sumo, cuartetos, aunque fueran de una calidad extraordinaria. Y se ha vuelto a repetir en el concierto que comentamos, y eso que convergÃan en él dos eventos notables: por un lado, la presencia de un clavecinista holandés de primera lÃnea como Pieter Jan Belder y el ‘bautizo’ de un nuevo clave para la colección de Alejandro Casal , Se trata de una copia de un clave Johannes Ruckers de 1624 , que cuenta con la particularidad de que al evento asistÃa su constructor, el holandés Titus Crijnen , asà como la decoradora Elena Felipe Royo , que ha seguido los usos estéticos de la época: estilo ‘chinoiserie’ -chinesco-, en el que junto a elementos florales encontramos otros geométricos. El trabajo de construcción y decoración ha llevado 4 años y finalmente ayer llegaba a Sevilla, justo para que Belder pudiera ensayar por la mañana antes del concierto. Ni que decir tiene la satisfacción del intérprete al poder estrenar este instrumento hecho en su tierra y con un programa que abrÃa el compositor Jan Pieterszoon Sweelinck , también holandés, quien con piezas como la ‘Fantasia Chromatica’ abandonaba el renacimiento y ponÃa la primera pica importante en el barroco de los PaÃses Bajos. El concierto habÃa dado comienzo con una pieza más ligera suya, ‘Est-ce Mars?’ , un tanto reiterativa en el tema principal. Pero es esta impresionante y definitoria ‘FantasÃa’ la que partiendo de un tetracordo descendente del modo dórico (Re-do-si-la), trata el tema en estilo fugado y en cada entrada es acompañado por contrasujetos, ritmos y atmósferas diferentes. No es muy normal que un instrumento tan delicado se desembalase y al poco ya estuviese sonando de una manera muy clara, bien asentado y sin necesidad de afinación alguna durante el concierto (las habrá tenido por la mañana, pero era increÃble que no se repitieran por la tarde). Belder nos mostraba un estilo que favorecÃa la claridad en la ejecución , sobresaliendo en el arte del contrapunto con pulcritud e independencia no sólo de las manos, sino también en el sonido (con el tiempo veremos en otros intérpretes si el instrumento era decisivo o se debÃa a la técnica del clavecinista holandés). Nacido en Rouen , la fama de Jacques Duphly le vino más bien en el ámbito docente, pero es verdad que algunas de sus piezas se editaron en Alemania (Leipzig, 1756). Se incluyó aquà una pieza de carácter descriptivo, ‘Les Graces’ y otra que se ligaba al ‘retrato’ de personas, como ‘La Suzanne’, ‘La Pothouïn’ o ‘La de Belombre’ . Ambas piezas seguidas parecieron funcionar más bien como un preludio de un carácter más libre -desde luego rÃtmicamente-, seguida de ‘La de Belombre’, más rápida, rÃtmica -casi bailable- y como la anterior, plagada de adornos. Buen momento para mostrar el carácter virtuosÃstico de la pieza, el control de los incesantes adornos, los tiempos y el dominio del teclado del clavecinista holandés . Del norte bajamos al sur, tanto si se mira a Nápoles como a Madrid o Sevilla. Asà que Domenico Scarlatti terminó estableciéndose en la capital española, donde compuso sus 555 sonatas para clave, las mismas que Belder ha grabado para Brilliant. No es de extrañar que eligiese cuatro de ellas para este programa, con la particularidad de que se siguen de dos en dos compartiendo tonalidad: Mi bemol mayor ( K 474 y 475 ) y Si bemol mayor ( K 248 y 249 ). Naturalmente que el clavecinista sobresalió en ellas, sacándole especial partido a los bellÃsimos tiempos rápidos y destacando la alternancia del tema entre ambas manos y teclados, mientras la 475 optaba por un tempo ágil, enérgico y ‘jadeante’. BellÃsimo el sonido de laúd en el teclado superior. La segunda parte estuvo dedicada por completo a Bach , donde volvÃamos a encontrar el conocido como ‘Concerto italiano’ (llevamos, nos parece, tres versiones de esta obra esta temporada, cosa que no nos importa por la belleza de la obra). La ejecución nos pareció impecable, pero el músico adopta una técnica corporal algo rÃgida, en la que sólo mueve los dedos, con verdaderos ángulos rectos en brazos y piernas, que luego se trasluce a la música, especialmente a la más conocida de Bach. Pero, digámoslo por última vez, nos maravilló la limpieza de la ejecución, la separación de las voces (hasta el punto de que oÃmos momentos en que cerrando los ojos parecÃan dos instrumentos los que concurrÃan, en especial con el registro de laúd) y a veces el amplio entendimiento de los tiempos, sin caer en rubatos caprichosos.
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Author : (abc)
Publish date : 2025-02-06 00:57:00
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